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Hai capito?

Estimada, o no, Nara:

No quiero interrumpir tu sueño monolingüe pero el tuit de Ada Colau está escrito en italiano y va dirigido al pueblo italiano en solidaridad con las víctimas del terremoto. Ciao!

Bueno… aún no me voy… tu indignación me ha parecido muy simpática y me quedaré un rato más.

Esto de las lenguas… no sé… es complicado, ¿no? Se parece a las orgías: ya no sabes ni dónde pones la lengua, ni quién tiene la tuya. Pero al final se trata de intercambiar cosas. Ideas, sentimientos, afectos, solidaridad con las víctimas de un terremoto… Y cuando uno se dirige a otra persona lo único que importa es que compartan ese código en común. Lo que sucede es que, en el pasado, diferentes reyes, políticos, caudillos, aprendices de caudillo, ayudantes de aprendices de caudillo y seguidores de los aprendices de caudillo, han abrazado sus neurosis a la costumbre de prohibir lenguas. No me preguntes por qué. Es como quien tiene miedo a las palomas, a las arañas o a las actuaciones en directo de Leticia Sabater. Que no te digo que en un momento dado no te puedan generar desorientación espacio-temporal, ansiedad, sudor frío y palpitaciones pero, al final, sólo se trata de dejarte llevar y disfrutar de su compañía. El hecho de que estos reyes, políticos, caudillos, aprendices de caudillo, ayudantes de aprendices de caudillo y seguidores de los aprendices de caudillo hayan intentado eliminar determinadas lenguas (como el catalán) del espacio público ha quedado en las costumbres atávicas de este país, como la tortilla de patatas, el tinto de verano o el deporte nacional de criticar el coche del vecino. Y, qué quieres que te diga, poner a parir el color caca del coche del vecino, mientras te metes entre pecho y espalda una tortilla de patatas regada con tinto de verano, puede llegar a ser placentero. Pero convertir en inaudibles y en invisibles lenguas como el catalán, el euskera o el gallego ya no mola tanto. Y tampoco parece muy normal asimilar el uso de una lengua a cuestiones políticas, aunque supongo que los reyes, políticos, caudillos, aprendices de caudillo, ayudantes de aprendices de caudillo y seguidores de los aprendices de caudillo que han cogido la costumbre de joder al prójimo en cuestiones lingüísticas, tienen algo de culpa al respecto. Porque defender lo obvio, como es que una alcaldesa catalana pueda dirigirse en catalán a sus ciudadanos, sin que una tuitera le acuse de ser catalanista, no sucedería si los reyes, políticos, caudillos, aprendices de caudillo, ayudantes de aprendices de caudillo y seguidores de los aprendices de caudillo se hubiesen dedicado a proteger y fomentar su riqueza cultural y a hacer que la gente estuviese orgullosa de ella, en vez de a crear odios lingüísticos.

En resumen, si el catalán te ofende, lo mejor que puedes hacer es venir a Catalunya. Estás invitada. ¿Has visto “La naranja mecánica” cuando al protagonista le someten a una terapia consistente en presenciar escenas violentas para que deje de ser violento? Pues eso. Si vienes a Catalunya, abres los ojos como el prota de la peli de Kubrick y compruebas in situ que las personas hablan catalán con normalidad, quizá te des cuenta de que las lenguas no hacen pupa, sino de que lo que realmente hace daño es la herencia de los reyes, políticos, caudillos, aprendices de caudillo, ayudantes de aprendices de caudillo y seguidores de los aprendices de caudillo. Hai capito?

Àlex

Societat Anònima

nara

Estimada, o no, Nara:

No quiero interrumpir tu sueño monolingüe pero el tuit de Ada Colau está escrito en italiano y va dirigido al pueblo italiano en solidaridad con las víctimas del terremoto. Ciao!

Bueno… aún no me voy… tu indignación me ha parecido muy simpática y me quedaré un rato más.

Esto de las lenguas… no sé… es complicado, ¿no? Se parece a las orgías: ya no sabes ni dónde pones la lengua, ni quién tiene la tuya. Pero al final se trata de intercambiar cosas. Ideas, sentimientos, afectos, solidaridad con las víctimas de un terremoto… Y cuando uno se dirige a otra persona lo único que importa es que compartan ese código en común. Lo que sucede es que, en el pasado, diferentes reyes, políticos, caudillos, aprendices de caudillo, ayudantes de aprendices de caudillo y seguidores de los aprendices de caudillo, han abrazado sus neurosis a la costumbre…

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